| |
|
| |
| Críticas de discos |
| |
|
Oficio de tinieblas
|
| |
|
|
Prestigiosa lección
|
| |
|
| |
|
| |
|
Oficio de tinieblas
Rafael Aznar
El Adelantado de Segovia, 14/04/2006
|
|
"La Iglesia Católica
recogió en el rezo de las horas de Jueves, Viernes y
Sábado Santo el contenido del libro de los Trenos o Lamentaciones
de Jeremías. Este libro del Antiguo Testamento, colocado
entre el propio de Jeremías y el de Baruk, su discípulo,
tiene la particularidad de que los capítulos uno, dos
y cuatro forman un acróstico y cada uno de estos capítulos
tiene veintidós versículos empezando cada uno
de ellos por una de las letras del alfabeto hebreo, comienza
por la 'aleph' (a) y acaba por la 'tau' (t). El capítulo
tres consta de sesenta y seis versículos agrupados en
tríadas que comienzan con la correspondiente letra del
alfabeto hebreo. El contenido del libro hace referencia al dolor
que le produce al profeta ver la ciudad de Jerusalem vencida
por los enemigos babilonios. Pues cantando estas lamentaciones
o trenos, seguidas cada una de ellas por un responsorio, cantado
en los distintos modos, y las lamentaciones en los distintos
tonos hispánicos, compuso Hervé Lamy su concierto
de "Las Lamentaciones". Ha habido compositores que
después han llevado estas horas completas a la partitura
como Palestrina, Couperin (escuchada hace algún tiempo
en este ciclo a Henar Álvarez y Blanca Gómez),
Heinichen y Zelenka.
El cantante salió revestido con capa pluvial y el escenario,
iluminado con velas y con el tenebrario, candelabro con quince
velas típico de la ocasión.
En el aspecto musical, la preparación de Hervé
Lamy en gregoriano es muy cuidada y conocida por él desde
que comenzase en el coro de los pequeños cantores de
Neuilly a los once años, después pasaría
quince años con Herreweghe en la Chapelle Royale y en
el Ensemble Vocal Européen.
Claro y limpio. El gregoriano de Lamy es
muy claro y limpio, basado en una voz potente que no denota
esfuerzo, sino que infunde tranquilidad aparte de la natural
del canto llano. La afinación está muy
vigilada y siempre se encuentra correcta la entonación.
La puesta en escena y el deambular por el presbiterio y la nave
también ayudan a creer más verdadera la paz de
su música. Como introducción antes de la primera
lamentación, cantó la antífona Si iniquitates
de las Vísperas de Difuntos y el salmo 129 De profundis.
Como final usó un Kyrie eleison de la Misa de difuntos
y una salmodia responsorial para el Jueves Santo In aeternum
del salmo 88.
Como bis cantó un Salve Regina al modo cisterciense.
Un concierto que entusiasmó al público, y que
se hizo más placentero de lo que podría esperarse
con un solo cantante cantando a capella durante ochenta minutos.
Cuando hay artista y muestra su valía
sin grandes medios el éxito está asegurado."
|
|
| |
|
Prestigiosa
lección
Luis Hidalgo Martín
El Norte de Castilla, 14/04/2006
|
 |
| "Hervé
Lamy impartió el miércoles con su concierto una
de las más importantes lecciones que sobre el canto gregoriano
hayan podido presenciarse en la ciudad. A priori este
era el concierto de la Semana de Música Sacra que podía
parecer más difícil para el gran público,
pues la interpretación de las Lamentaciones de Jeremías
y una buena parte de los Responsorios de Tinieblas de Jueves,
Viernes y Sábado Santo, pertenecientes al repertorio
hispánico, a cargo de un solo cantante resultaba casi
una osadía, si bien el reconocido prestigio del tenor
francés hacía albergar la esperanza de una sesión
sumamente interesante. Y lo cierto es que
Hervé Lamy no sólo no defraudó si no que
arrolló con su estilo interpretativo, su capacidad técnica
y acierto en la puesta en escena. Empezando por esto
último hay que reconocer que la belleza de San Juan de
los Caballeros, la iluminación, el atuendo, y los movimientos
ritmados por el golpeo del báculo en el que se apoyaba
el cantante contribuyeron a crear un sobrecogedor ambiente.
Aunque donde realmente brilló la calidad de Lamy fue
en la elaboración de un comprometido y magnífico
programa que muestra un profundo conocimiento
del repertorio y en su capacidad para llevarlo a buen puerto
gracias a una técnica y musicalidad, respectivamente,
apabullante y exquisita. La precisa afinación, la calidad
de la emisión, la naturalidad de las respiraciones o
la belleza tímbrica, la ligereza de los ornamentos y
la claridad de la dicción, son algunas de las cualidades
en las que se apoyan las dos sublimes virtudes antes apuntadas.
Si bien hubiera sido deseable la traducción de textos
con tanta fuerza dramática como los de las Lamentaciones
de Jeremías, conciertos como este, aunque no aptos para
todos los públicos, son los que dan prestigio a los grandes
ciclos musicales." |
|
| |
| |
|
|
|
| |
|
|
|
|