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Los cantos polifónicos
de las cofradías de Córcega constituyen una
de las manifestaciones de música sacra tradicional
más interesantes del Mediterráneo. La Cunfraterna
di u Santissimu Crucifissu no es un grupo musical, sino una
verdadera cofradía que sigue cubriendo sus funciones
rituales, sociales y caritativas.
Las cofradías que reunían
a laicos y clérigos aparecieron a lo largo del siglo
XII, pero es sobre todo a partir del siglo XIII cuando ocuparon
un lugar esencial en la vida de la ciudad y se convirtieron
en agrupaciones de laicos. Las causas de asociación podían
ser variadas, si bien obedecían, en primer lugar, a una
voluntad de encarnar los preceptos evangélicos en las
acciones rituales, sociales y caritativas.
Los franciscanos crearon en el siglo XIII las cofradías
de laudesi, formadas por cantores que ejecutaban un repertorio
contemplativo y devocional. Como en esa época los laicos
no podían ejercer un papel activo en la liturgia, los
franciscanos imaginaron oficios para-litúrgicos donde
pudiesen tomar parte. Los laudesi acompañaban
con sus cantos las procesiones de las fiestas patronales, algunas
manifestaciones de la Semana Santa así como las vigílias
de plegaria. Estuvieron en el origen del teatro religioso popular
que conoció sus horas de gloria en los misterios celebrados
en los patios de las iglesias. Con las grandes pestes del siglo
XIV, el servicio de difuntos se convirtió para las cofradías
en una actividad esencial que perduraría hasta nuestros
días.
En el siglo XV, algunas cofradías de laudesi desarrollaron
repertorios musicales muy sofisticados de los cuales nos quedan
algunas huellas. En la mayor parte de los casos, las hermandades
estuvieron compuestas por gentes cuyo oficio no era la música.
Los que organizaron estas asociaciones piadosas supieron coleccionar
una música simple, pero que encierra sustancialmente
todas las características de un canto litúrgico
de gran tradición.
A fines del siglo XVI, cuando la Iglesia llevaba a cabo un importante
esfuerzo de reorganización tras la tormenta desatada
por el protestantismo, las cofradías desempeñaron
un papel importante en la implicación de los laicos en
la vida de la Iglesia. Es principalmente de esta época
y de los dos siglos siguientes, que data la formación
de las cofradías corsas, algunas de las cuales han conservado
hasta hoy verdaderas joyas litúrgicas. Lo esencial de
sus repertorios comprendía:
- el pequeño oficio de la Virgen
- los oficios de las fiestas patronales
- los oficios de la Semana Santa
- el oficio de difuntos
Cada oficio se componía de las primeras y segundas vísperas,
las vigilias y las laudes. El oficio y las misas de las grandes
festividades, como Navidad, Pascua o Pentecostés, eran
utilizados en la misa parroquial del domingo. Cantaban entonces
el ordinario de la misa, es decir el Kyrie, Gloria, Sanctus
y Agnus, mientras que los cantos del propio (Introito,
Gradual, Alleluia, Ofertorio y Comunión) estaban
asegurados por el clero, puesto que estos cantos, que varían
cada semana, exigían conocimientos musicales. Por eso
muchas cofradías han conservado la memoria de lo que
ellos llaman una "misa de los vivos", que eran las
partes fijas de la misa dominical, para distinguirla de la misa
de difuntos o "de los muertos". Los raros cantos del
propio que se han conservado en algunos pueblos son: los del
Introito de la misa de un confesor no pontificado; Os
justi que correspondía a las fiestas patronales,
la Salve sancta parens, para las fiestas votivas de la
Virgen y el Deus Israel, para los casamientos.
En el curso del siglo XX, estos repertorios religiosos tradicionales
conocieron numerosas vicisitudes relacionadas con los grandes
cambios como el éxodo rural, la guerra de 1914, pero
también las diferentes mutaciones que sufrió la
liturgia de la Iglesia. Desde 1903, las reformas de Pio X conllevaron
la supresión de los cantores para reemplazarlos por corales
parroquiales. En algunas parroquias rurales estos cantores,
depositarios de antiguas tradiciones, continuaron existiendo,
a pesar de la continua hostilidad de los sacerdotes hasta principios
los años 1960. El concilio Vaticano II los enterró
prácticamente en todas partes excepto en Córcega,
donde los vestigios sobrevivieron gracias a la intuición
de las jóvenes generaciones que, desde los años
1970, sintieron que esta música no debía caer
en el olvido. Así, en Córcega podemos observar
uno de los testimonios mejor conservados de las tradiciones
cantorales del catolicismo. Es lo que da, más allá
del interés de la conservación de un patrimonio
local, todo su valor al canto de las confradías corsas.
A través de él, es toda la vida del catolicismo
rural de los siglos pasados que continúa palpitando.
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Music and Productions representa
a Cunfraterna di u Santissimu Crucifissu en España
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