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Sombra de Wagner
Carlos Gómez Amat
El Mundo, 17/1/1998
XIV Festival de Música de Canarias
Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria
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"Los encargos
del Festival de Música de Canarias, cuya 14 edición
se celebra en estos días, han dado lugar a obras verdaderamente
importantes en la música contemporánea. Importante
me parece también la de Alfredo Aracil, un Adagio
con variaciones que se ha confiado a la magnífica
interpretación de la Orquesta Sinfónica de Tenerife
con su titular, Víctor Pablo.
Nos enorgullecemos tanto de la orquesta, limpia de técnica
y rica en sonoridades, como del director, que dosifica de manera
ideal el rigor y la pasión. Victor Pablo está
en primera fila por sus méritos indiscutibles, entre
los que figura el hondo concepto musical.
Si el mundo artístico funcionase como debe, entraría
en repertorio inmediatamente el Adagio
de Aracil, página de profundo atractivo y prueba de sonido
para la orquesta. El compositor utiliza la fórmula
variación de forma personal, y evoca al glorioso Hugo
Wolf, como éste habia evocado antes a Wagner. En
un ambiente sereno, de relajación espiritual, Aracil,
libre ya de pautas que marcaban lo que es moderno y lo que no,
nos ofrece su idea de belleza, en un juego tímbrico de
graves y agudos.
El autor es un intelectual, con música de pensamiento.
Más que la sombra de Wolf se advierte la sombra de Wagner,
tan larga y poderosa que aún se proyecta en los talleres
musicales. Aracil ha planeado sobre los
exaltados del Tristán, aquellos vieneses que destruyeron
la tonalidad, y ha retomado un camino sin dejar de avanzar.
Se aplaudió en presencia del autor, pero no lo suficiente,
a mi juicio [...]."
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El feliz retorno
de Alfredo Aracil
Manuel I. Ferrand
Diario ABC, 17/1/1998
XIV Edición del Festival de Música
de Canarias
Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria
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"Tuvieron que
ser los responsables del Festival de Música de Canarias,
para los que apenas hay propósito que se resista, los
que lograran despertar de su letargo creativo a Alfredo Aracil.
El compositor madrileño,
entregado en cuerpo y alma al absorbente rompecabezas del Festival
de Música y Danza de Granada, del que es director desde
hace casi cuatro años, ha extraído
tiempo al tiempo y ha presentado al fin una nueva creación
de envergadura. La obra, Adagio con variaciones,
escrita para orquesta sinfónica, arranca como otras de
su autor del estímulo de un breve y recóndito
fragmento musical preexistente; en este caso son unos compases
frágiles y fantasmagóricos que encabezan el adadio
del Cuarteto de cuerda en Re menor de Hugo Wolf.
Viniendo de donde viene, este Adagio con variaciones
no podía, ser ni lejanamente, un tributo a recursos compositivos
del pasado. Por el contrario, si Aracil parte de un material
ajeno no es únicamente para establecer con entera libertad
un "juego de recurrencias y reflejos", tal como dicen
las palabras del propio autor en las notas del programa. Pero
ante el resultado que ofrece este diálogo cultista y
libérrimo, lo que prevalece en la memoria, muy por encima
de la excusa metamusical, es la creación de un universo
privativo, poblado de detalles extraordinariamente sutiles y
edificado según una lógica soberana, estilizada
y espectacular, que envuelve al oyente y le somete, a través
de procedimientos de una rara astucia, a un estado de expectación
mantenida.
Todo tiende en este Adagio con variaciones a despertar
la imaginación sonora del oyente. Desde la primera variación,
Aracil va diseminando pistas lacónicas, retazos luminosos,
inesperados chispazos tímbricos, por así decirlo,
que abren caminos que nunca son unívocos, pero que se
permiten la creación, en el último tramo, del
esbozo de un 'puzzle' abierto y nunca contundente. El proceso
es fascinante, por lo que tiene de combinación entre
la recurrencia del motivo inicial y la irrupción de inesperados
saltos en el vacío, a veces áridos pero siempre
sutiles, que terminan creando nuevos entramados que fluctúan
entre el discurso lineal y una estilización estática
y casi aforística.
La obra de Aracil abre diálogos instrumentales sorprendentes
dentro de una amplia gama orquestal, pero el resultado nunca
busca la densidad, sino la transparencia de un trazo que parece
diseñado en el aire, con la fragilidad y la elegancia
que puede tener una caligrafía oriental. No es en absoluto
aventurado pensar que este estreno canario de Alfredo Aracil,
lejos de ser flor de un día, tendrá larga continuidad,
como la tienen Música reservata, Cántico,
o Tres imágenes de Francesca, por citar
sólo tres de las obras más recurrentemente programadas
del autor madrileño. Decir que Adagio con variaciones
sonó espléndidamente es elogio común para
el autor, la Orquesta Sinfónica de Tenerife y su director,Víctor
Pablo, que la estrenaron en Tenerife y Las Palmas, y que supieron
percibir la difícil levedad y el vuelo de la obra". |
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El
VI Concierto: Adagio con variaciones de Alfredo Aracil
José Antonio Cubiles
Diario de Las Palmas,16/1/1998
XIV Festival de Música de Canarias
Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria
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| "Junto al estreno, Adagio
con variaciones, la obra de Alfredo Aracil que para esta
XIV edición le fue encargada, dentro de tan estupenda
práctica como beneficiosa iniciativa, por la organización
de nuestro Festival de Música, Mahler y Wagner y la Orquesta
Sinfónica de Tenerife.
A su frente, espléndido y seguro, lleno de convicción,
buena técnica y entrega como siempre su titular, Víctor
Pablo. Un programa perfectamente vertebrado y bien contextualizado
y expuesto con firmeza, tino y excelente trabajo.
Tengo para mí que Alfredo Aracil
pertenece a ese grupo reducido de compositores que a una formación
músical primerísima, une un sentido de autoexigencia
permanente e incisivo no sólo a la hora de plantear
su trabajo, sino, lo que es más crucial y decisivo,
a la hora de elegir procedimientos, esos que van más
allá de modas y maneras. Creo que tiene Aracil una
clara vocación de estilo pero que, curiosamente, no
se manifiesta desde una rotundidad electiva a ultranza, seguidora
de unos esquemas de trabajo, hijos de una rabiosa actualidad
dialéctica, sino que se para a distinguir machadianamente
'las voces de los ecos' y se mantiene también
muy fiel a otro postulado que igualmente fomuló Don
Antonio '¿Soy clásico o romántico? No
sé, dejar quisiera mi verso, como el capitán
su espada, famosa por la mano viril que la blandiera, no por
el docto oficio del forjador preciada'. Creo que ese interrogante,
actualizado, que subyace perenne en todo artista cruzado de
perplejidad, que no de titubeante actitud, delata, a su vez,
que Aracil se mueve en esos territorios
finalistas: es la obra la que importa, no su mecánica,
ni la adhesión ceñida y terca a una codificación
dada.
Está claro, por otra parte, que el discurso de Aracil
pertenece por derecho propio, a su libérrima y bien
brujulada sensibilidad creativa fiel a las más claras,
nítidas y auténticas propuestas de hoy mismo.
Pero, precisamente por eso, creo que para Alfredo Aracil el
sonido es un hermoso estado de consciencia, y que los estados
de conciencia suelen ser manejados por una rara e irisada
inteligencia que se parece mucho a una suerte de conocimiento,
de sabiduría dificílmente homologable a un diestro,
escueto y penetrante oficio. Es, como siempre, otra cosa.
Y el sonido como estado de consciencia obliga, me parece a
mí, a una también rara lealtad a otros parámetros
de procedencia y epifanía más sútil,
compleja y sobre todo menos situada en la rasante de los consabido.
La imaginación es su centro mismo
de gravedad. Creo que en esa área múltiple y
singular está inserta la obra que anoche alcanzó
una clara adhesión por parte del público del
Festival y que fue vertida por Víctor Pablo
y la orquesta tinerfeña como verdadero espiritu recreador.
Reitero que todo el concierto fue un diáfano exponente
de trabajo hondo y desentrañador. [...] Víctor
Pablo realizó una tarea de planificación y adecuadación
colaboradora de ceñida dimensión ambiental.
Ese clima, esos entresijos mahlerianos de tan sutil, difícil
y fascinante procesamiento se alcanzaron con la absoluta naturalidad
y fluido discurso, pero también desde una meticulosa
poética perfectamente elaborada. [...]
La verdad es que todo estuvo y sonó en su sitio exacto,
incluso la que ya parece domada acústica".
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Un programa redondo
Leopoldo Rojas-O'Donnell
La Provincia, 16/1/1998
XIV Festival de Música de Canarias
Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria
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"Grandes atractivos
se concitaron anoche en el Auditorio Alfredo Kraus: la posibilidad
de acudir al estreno en Gran Canaria de la obra encargada por
el Festival al interesante compositor español Alfredo
Aracil; el disfrute que siempre supone la intérpretación
en vivo de dos de los más bellos ciclos de canciones
escrito por Mahler; la presencia de la excelente orquesta tinerfeña
con su no menos magnífico director y, además,
la ocasión que se nos brinda, en lo que a la acústica
de la sala se refiere, de poder comparar sus características
acústicas, con una orquesta sinfónica, distinta
de la Filarmónica de Gran Canaria, que ha sido la única
que hasta la fecha nos ha sido dado escuchar en el nuevo auditorio.
Adagio con variaciones, es una obra que denota una
indudable maestría de toda su escritura. Sea en
lo armónico como en lo tímbrico (fundamentalmente
en esto), Aracil manifiesta un espléndido
dominio de la orquesta, de la que logra extraer innumerables
posibilidades, a partir de un lenguaje cuajado de sutilezas.
Así, desde un tema de Wolf de innegable belleza, plantea
todo un juego de variaciones, a simple vista mínimas,
pero que con incesante fluir se metamorfosea sin desmayo y sin
que seamos conscientes de ello. Víctor Pablo planteó
el juego de forma espléndida, manteniendo un pulso firme
pero flexible, con un cuidado exquisito de las infinitas posibilidades
tímbricas que ofrece la obra, apoyado por una orquesta
magnífica que responde disciplinada a la batuta [...]". |
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